¿Qué estás buscando?

24°C
Hoy

Información General

Querétaro de Arteaga

Información general e historia del estado

Escudo

Localización

Querétaro es uno de los estados más pequeños del país, sin embargo, también es uno de los más heterogéneos. La cantidad de atractivos que encierra lo convierten en un estado fascinante, dinámico, colorido y diverso. Querétaro puede visitarse todo el año; su buen clima hace que la estancia sea agradable, y sus numerosas actividades, lo vuelven inolvidable.

En definitiva, se trata de un lugar cálido y amable, un destino que ofrece, a través de sus fiestas, su historia, su cultura y su gastronomía, una buena vida. Querétaro es sumamente accesible para cualquier viajero. Se encuentra a dos horas de la Ciudad de México, a menos de una hora de San Miguel de Allende, a dos horas de Guanajuato, a dos de Michoacán y a dos de San Luis Potosí.

Además, Querétaro cuenta con los suficientes atractivos para extender tu viaje: dos Patrimonios Mundiales, una ruta del vino, pueblos encantadores y varios campamentos ecoturísticos.

Asomarse a la Historia del Estado de Querétaro es como mirar un caleidoscopio: Puedes escuchar tacones que despiertan la lucha independentista o ver saltos de balones de piedra; se entrecruzan nombres como Querenda o Andamaxei y denominaciones como "muy noble y muy leal"; señores purépechas dominantes, Pames y Jonaces que siguen su camino; los últimos momentos de un imperio y los primeros de la República; centro de la 'Ruta de la Plata', tres veces capital de la Nación, la tercera ciudad del Reino, y el destino de una conquista dibujado en el cielo.

Asomarse a la Historia del Estado de Querétaro es como mirar un caleidoscopio: Puedes escuchar tacones que despiertan la lucha independentista o ver saltos de balones de piedra; se entrecruzan nombres como Querenda o Andamaxei y denominaciones como "muy noble y muy leal"; señores purépechas dominantes, Pames y Jonaces que siguen su camino; los últimos momentos de un imperio y los primeros de la República; centro de la 'Ruta de la Plata', tres veces capital de la Nación, la tercera ciudad del Reino, y el destino de una conquista dibujado en el cielo. Remontando los años prehispánicos, encontramos en Querétaro a pobladores ocupados en la minería, mismos que nos dejaron como huella de su paso las construcciones en Ranas y Toluquilla. Las tribus nómadas Chichimecas ocuparían después también esos espacios, pero serían los Purépechas los dominantes en la región. A ellos se les atribuye, en una de las versiones, el nombre de esta entidad: K'erhiretarhu (K'eri significa "grande", ireta, pueblo, y rhu, lugar) o K'erendarhu, (k'erenda, peñasco y rhu, lugar).
Y aunque parte del territorio fuera invadido en un momento por Moctezuma Ilhuicamina, Querétaro no fue tributario de los aztecas. Fueron principalmente dos grupos quienes se encontraron en Querétaro con los españoles, alrededor de 1528. Sería una conquista relativamente pacífica, en la que destaca la alianza del cacique Conin, después bautizado como Fernando de Tapia, con Hernán Pérez de Bocanegra y Córdoba. Parte de este pasaje histórico es la leyenda de la batalla en el Cerro del Sangremal, donde el impacto por la aparición del apóstol Santiago vencería a los Chichimecas, dando el triunfo a los Otomíes aliados con los españoles. Llega el periodo del Virreinato, durante el cual Querétaro tuvo importancia tanto estratégica como económica, conectando importantes regiones comerciales y siendo también eje en la simbiosis religiosa y cultural que ocurría en el país.

Este periodo también es relevante para el estado porque entre 1726 y 1738, vio nacer a su construcción más célebre y representativa: el acueducto de la Ciudad, que además de cumplir una función práctica fundamental, sería en adelante un símbolo inequívoco de Querétaro.

Desde luego, y como es bien conocido para orgullo de sus habitantes, Querétaro fue uno de los engranes más importantes en el movimiento de la Independencia nacional.
Fue aquí donde se detonó el Grito de lucha y libertad con la alerta de la Corregidora, Josefa Ortiz de Domínguez, para avisar a Miguel Hidalgo. Lo que es más, fue Querétaro semillero para las grandes ideas independentistas de hombres y mujeres de valor: la Corregidora, su esposo, don Miguel Domínguez, Epigmenio González y muchos más; revolucionarias tertulias en las que surgieron planteamientos que cambiarían para siempre nuestra historia, y que aún hoy rigen la evolución de nuestro país.

Precisamente por ello, esta entidad también figuró como actor clave en posteriores momentos definitivos para la identidad nacional, principalmente en el periodo del Segundo Imperio y la Guerra de Reforma; fue a la vez testigo de la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo, las batallas entre el ejército Republicano y el Imperial y el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo.

Posteriormente -tras años de difíciles batallas por el valor estratégico de la geografía queretana- la esencia de nuestra nacionalidad se concretó aquí mismo, en el Teatro de la República, plasmada para siempre en la firma y promulgación de nuestra Carta Magna: la Constitución de 1917. En la segunda mitad del siglo XX, Querétaro continuó evolucionando a la par del resto del país, integrando los avances tecnológicos en transportes y comunicaciones a su vida diaria, y ampliando la diversidad de su población, así como de sus actividades económicas.
El crecimiento del estado ha sido particularmente excepcional en las últimas décadas, aumentando tanto sus habitantes como sus posibilidades, originando nuevos centros productivos y turísticos, y refrendando su lugar único en el escenario nacional. Desde las tribus que caminaron esta tierra hace varios siglos, hasta las innovadoras industrias que hoy crecen a su alrededor, la historia de Querétaro es convergencia de colores y formas, de culturas y caminos; es la unión de un pasado que nos enriquece y llena de orgullo, caleidoscopio de héroes, batallas, y pueblos que fortalece la visión de un futuro promisorio para nuestro estado. Remontando los años prehispánicos, encontramos en Querétaro a pobladores ocupados en la minería, mismos que nos dejaron como huella de su paso las construcciones en Ranas y Toluquilla.

Las tribus nómadas Chichimecas ocuparían después también esos espacios, pero serían los Purépechas los dominantes en la región. A ellos se les atribuye, en una de las versiones, el nombre de esta entidad: K'erhiretarhu (K'eri significa "grande", ireta, pueblo, y rhu, lugar) o K'erendarhu, (k'erenda, peñasco y rhu, lugar).
Y aunque parte del territorio fuera invadido en un momento por Moctezuma Ilhuicamina, Querétaro no fue tributario de los aztecas. Fueron principalmente dos grupos quienes se encontraron en Querétaro con los españoles, alrededor de 1528. Sería una conquista relativamente pacífica, en la que destaca la alianza del cacique Conin, después bautizado como Fernando de Tapia, con Hernán Pérez de Bocanegra y Córdoba. Parte de este pasaje histórico es la leyenda de la batalla en el Cerro del Sangremal, donde el impacto por la aparición del apóstol Santiago vencería a los Chichimecas, dando el triunfo a los Otomíes aliados con los españoles. Llega el periodo del Virreinato, durante el cual Querétaro tuvo importancia tanto estratégica como económica, conectando importantes regiones comerciales y siendo también eje en la simbiosis religiosa y cultural que ocurría en el país.

Este periodo también es relevante para el estado porque entre 1726 y 1738, vio nacer a su construcción más célebre y representativa: el acueducto de la Ciudad, que además de cumplir una función práctica fundamental, sería en adelante un símbolo inequívoco de Querétaro. Desde luego, y como es bien conocido para orgullo de sus habitantes, Querétaro fue uno de los engranes más importantes en el movimiento de la Independencia nacional. Fue aquí donde se detonó el Grito de lucha y libertad con la alerta de la Corregidora, Josefa Ortiz de Domínguez, para avisar a Miguel Hidalgo. Lo que es más, fue Querétaro semillero para las grandes ideas independentistas de hombres y mujeres de valor: la Corregidora, su esposo, don Miguel Domínguez, Epigmenio González y muchos más; revolucionarias tertulias en las que surgieron planteamientos que cambiarían para siempre nuestra historia, y que aún hoy rigen la evolución de nuestro país. Precisamente por ello, esta entidad también figuró como actor clave en posteriores momentos definitivos para la identidad nacional, principalmente en el periodo del Segundo Imperio y la Guerra de Reforma; fue a la vez testigo de la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo, las batallas entre el ejército Republicano y el Imperial y el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo.

Posteriormente -tras años de difíciles batallas por el valor estratégico de la geografía queretana- la esencia de nuestra nacionalidad se concretó aquí mismo, en el Teatro de la República, plasmada para siempre en la firma y promulgación de nuestra Carta Magna: la Constitución de 1917. En la segunda mitad del siglo XX, Querétaro continuó evolucionando a la par del resto del país, integrando los avances tecnológicos en transportes y comunicaciones a su vida diaria, y ampliando la diversidad de su población, así como de sus actividades económicas.
El crecimiento del estado ha sido particularmente excepcional en las últimas décadas, aumentando tanto sus habitantes como sus posibilidades, originando nuevos centros productivos y turísticos, y refrendando su lugar único en el escenario nacional. Desde las tribus que caminaron esta tierra hace varios siglos, hasta las innovadoras industrias que hoy crecen a su alrededor, la historia de Querétaro es convergencia de colores y formas, de culturas y caminos; es la unión de un pasado que nos enriquece y llena de orgullo, caleidoscopio de héroes, batallas, y pueblos que fortalece la visión de un futuro promisorio para nuestro estado.